miércoles, junio 25, 2008

No, yo decía.

Vivir en diferentes lugares hace que uno, de alguna forma, se coma un traductor simultáneo. El que yo me comí hace muchos años (Y la mamita Olga sufre, y yo le tengo que aclarar que hablo en sentido figurado), cuando tenía 21 años y me fui a vivir a otro país por primera vez, sale a trabajar cada vez que viene un amigo de Perú de visitar Buenos Aires o también cuando presento a mi crowd de convivientes colochos a algún amigo argentino. Asimismo, por motivos de trabajo me ha tocado aprender palabras típicas de Venezuela, República Dominicana, Chile, etc. Está bueno saber palabras de varios países, el tema es que me pasa mucho que cuando pienso que un argentino no me va a entender (en realidad no sólo un argentino sino cualquier persona, es que yo tengo esa patología, siento que la gente no me va a entender y explico las cosas muchas veces así como ahorita mismo estoy haciendo sin poder detenerme), lo que hago es usar "otra forma" de decir las cosas. Y también me pasa que cuando "apuesto" por mi palabra "rara" y la uso con un foráneo (que en realidad es un "local", dado que la foránea soy yo), pues no me entienden. El otro día salí a buscar un par de pasadores amarillos. Algo súper sencillo ¿no? Y nada, aposté por la palabra "pasador" y salí con ella a buscar un par amarillo. Caminé 20 cuadras y a la pregunta "Hola, ¿Tienes pasadores amarillos?", la respuesta siempre fue negativa hasta que una chica, después de decirme que "No", me llamó cuando yo ya estaba saliendo de la tienda para preguntarme "Che, ¿Qué son pasadores?" y yo le señalé mis zapatillas y ella me dijo "Ah, querés cordones vos?" y fue esa una vez más en la que mis palabras perdieron la apuesta frente a la compresión de la gente. En contraste, también ocurre que cuando apuesto por "otra forma" pues justamente la gente conoce la palabra que me abstuve de usar. Me pasó cuando ocupé 25 minutos en una peluquería explicándole a la chica de los abrigos cuál era el mío porque asumí que si le decía "el jaspeado" no me iba a entender (Y me costó bastante explicar "jaspeado" en otras palabras. O sea, qué es "jaspeado" anyway? Yo creo que nadie sabe pero todos hemos acordado llamar "jaspeado" a eso que es "jaspeado". En fin). Igual, después de entregarme el abrigo la chica me dijo "Acá le llamamos jaspeado a este tipo de abrigos, sabés". O sea, encima quedo como que de dónde vendré que ni siquiera sé lo que es un fuckin' jaspeado, cuando yo ¡Sí sé lo que es jaspeado! (aunque en realidad no sé, como confesé líneas arriba con la tranquilidad de saber que nadie sabe. Jeje). Y nada, creo que voy a dejar de traducirle a la gente, si no me entienden, que se jodan. Jajaja, ¡La más chinche! Y te explicaría lo que es "chinche" en mi país, pero yo ya no hago esas cosas (Es ser "pesado").

domingo, junio 22, 2008

El pitillo (que me parió).

Comprar ropa es algo que disfruto de hacer sola. Me causa stress que me acompañen porque siento que me demoro viendo cosas y no me gusta que la gente me espere. Esta sensación es independiente de si las personas que me acompañan sienten cansancio o creen que me demoro o se impacientan. Yo podría estar escoltada de una persona con maestría en acompañamientos de compradores y aún así sentiría que me estoy demorando mucho. Y, dado que comprar ropa y zapatos es un placer, pues no me parece tensionarme por quien buenamente desea unirse a mi crowd de compras, entonces siempre voy a preferir comprar sola y discutir conmigo misma si algo va o no. Por el contrario, soy buenísima para acompañar. Percibo rápidamente si a la persona le gusta que le aconsejen qué adquirir o si prefiere que uno se quede callado hasta que le pregunten que piensa. Además, no dejo que mis preferencias invadan la gestión de compra, o sea, puedo acompañar indistintamente a mi hermano y su never ending gama de azul/gris/negro o a una roommate que tuve en Orlando que tenía debilidad por todo lo que tuviera cadenas colgando (Hasta en las tiendas menos ortodoxas uno encuentra cosas muy bonitas). Hay gente a la que le gusta que simplemente la acompañen, pero uno no debe hablar nada, y hay otras personas que necesitan oir un zumbido permanente a su lado. Los acompañamientos que no me agradan tanto son los que involucran la chulillada, el traeme-este-polito-en-verde limón-verde esmeralda-verde palta-y-verde hoja-pls, aunque también los hago. ¿A qué viene todo esto? Pues que salir de compras con mis 3 convivientes masculinos -de gustos bastante heterogéneos- me hizo confirmar que yo siempre debo comprar sola. En realidad no tiene nada que ver con ellos, sino con una señal divina que recibí instantes después de pensar "Tal vez si puedo comprar acompañada". Estabamos caminando por la Av. Cabildo, buscando casacas de estrellitas por un lado y "faldas de hombre" por otro, cuando yo me doy cuenta que dedico poco tiempo a ver cosas que me gustan y no porque ellos me apuraran, sino porque yo solita "sentía" que no "podía" ver cosas dado que estaba "con gente". Después de dar varias vueltas, finalmente se llegó a concretar la compra de la falda masculina y la chaqueta de estrellitas quedó "para otra oportunidad". Ya de regreso a casa y caminando todavía por Cabildo, aunque claramente en sentido contrario, entramos a una última tienda porque uno de los convis vio algo que le gustó. En eso, yo veo unos pantalones "pitillo" de color negro... como lindos eh? "¿Te los vas a probar?", me pregunta el colocho de lo más naive, sin saber que si me probara esos pantalones estaría arrojando por la borda de los lamentos todos mis preceptos acerca de la Tía Lauris y sus compras solitarias. "Bueno" dije yo, y vi como mis principios -construidos por años- hacían bunjee jumping sin soga de camino a los probadores. Ya detrás de las cortinitas y en severa faena de entalle de prendas, pensaba qué hace uno en estos casos... ¿Tengo que salir a que me vean? ¿Si necesito otra talla, la pido? Hmmm. QUE STRESS. Pero luego me fui calmando al ver que el famoso pitillo me quedaba "mas o menos" (no me gustan los pantalones con bolsillos a los lados, como pantalón de colegio. Es que esos bolsillos "hacen" caderas, las mismas que ejmmm, yo ya tengo, entonces el look picaronero no es my cup of tea). En ese momento llamé al colocho para que me diera su opinión, a él le gustó pero no me terminó de convencer (es que además estaba medio cortito jaja, ¿Ahora entiendes por qué compro sola?), entonces él me dijo que me probara el otro pantalón (Si, ya que estaba violando mis normas al probarme un pantalón acompañada, pues decidí romperlas sabrosamente llevándome DOS pantalones al vestidor). Y bueno, le hice caso e inicié nuevamente la faena probatoria (Y digo "faena" porque el pitillo es un tipo de prenda bastante exigente para probarse, o sea, hay que sacarse las medias, los zapatos, saltar en un pie mientras metes el otro pie, luego hacer un movimiento de "carrera de costalillos" para subirte el pantalón y, como el pitillo es apretado desde abajo hasta arriba, pues uno nunca sabe si el pinche pantalón le va a quedar sino hasta que termina la carreras de costales...y es EL STRESS que termines la carrera y el pitillo de mierda NO TE QUEDE. Claro que eso a mí nunca me ha pasado eh?). La cosa es que estoy en severa gestión de prueba, pensando en POR QUÉ estoy haciendo compras acompañada y preguntándome POR QUÉ se me ocurren estas cosas, cuando siento UN AIRECILLO a mis espaldas (o sea, no un pedo, sino un aire suavecito. No perdamos la prestancia pues). Cuando volteo a ver... había un niño conmigo en el vestidor. Un niño. O sea, yo estaba en mi pose "tomando impulso para saltar con el costalillo" y con uno de mis siempre exitosos calzones gamarreros y había un niño conmigo en el vestidor. Lo miré impávida (Me hubiera subido el pantalón, pero repito, era un pitillo) y el pequeñito este, de unos 7 años como máximo y con los ojos abiertos como ventanas de lunas nuevas, me dijo: "¿Viste a mi mamá?" y sin dejar que le responda, se fue.
Y esa fue mi señal. Seguiré comprando sola.
Lo mejor de todo fue mi convi Tik, que ya al salir de la tienda me preguntó bajito: "Lau, ¿Qué hacías con ese niñito en el probador?". O sea, encima de todo, pederasta.

miércoles, junio 18, 2008

Manicure de la muerte.

Últimamente estoy recordando lo que sueño, lo cual es positivo dado que con eso tengo muchas cosas curiosas por investigar. Mis sueños son bizarros. Pero no "bizarros" como la gente que se encuentra con la Virgen de Fátima o que ve como alguien de la familia se va a enfermar o volver rico. No, no. Por algún motivo mis sueños siempre tienen un final lamentable para mi misma. En mi última aventura abrazada de Morfeo me encontraba yo en casa de mis padres en Lima, exactamente en el escritorio del Papito Alfonso. En eso, en escena aparece Luz Marina, una muchacha guapa y chaposa (Aun más que yo en clima serrano, aunque sólo me refiero a lo de chaposa. Jaja.) que trabajó en mi casa hace muuuuucho tiempo, incluso antes que Leo, que está con nosotros casi una vida de universitario completa (Hago esta aclaración porque, en realidad, la expresión "una vida" es medio ambigua toda vez que yo con 27 soy "una vida" y mi sobrinita Fátima con 2 años también es "una vida". Y nada, déjame hacer este tipo de aclaraciones absolutamente innecesarias). La cosa es que yo llego al escritorio y veo que Luz Marina tiene las uñas pintadas de rojo, por algún motivo YO SÉ que ella se ha pintado las uñas con MI esmalte, entonces la saludo y ella inmediatamente oculta las manos. Yo no logro entender por qué no me sorprende ver a Luz Marina después de tanto tiempo, tampoco se qué hago yo en casa de mis padres en Lima y menos me explico como hizo Luz Marina para tomar prestado mi esmalte de uñas de la cómoda que tengo en la habitación... en Buenos Aires. Igual le digo que me muestre sus manos, yo no estoy molesta ni nada, simplemente curiosa de ver cómo le quedó el esmalte (Es que yo me pinto las uñas como si me las pintara con guantes de cocina. Awful, awful). A todo esto, dentro del sueño recuerdo una particularidad que tenía Luz Marina... la chica era medio mística: Sabía leer las hojas de coca, siempre tenía una explicación "alternativa" para los fenómenos climatológicos y juraba que era hija de su mamá y... un lagarto (Otro día contamos la historia del intercourse de su mamacita y el amigo reptil). Y bueno, ante la negativa de LM para enseñarme sus uñas, yo insistía e insistía... pero nunca molesta sino más bien cargosa jajajaja, y es entonces que, de la nada y sin que yo pueda anticiparlo, Luz Marina saca las manos que se había guardado atrás de la espalda y ¡Me empieza a ahorcar! ("Para qué la cargoseas" pensé). Yo sentía la presión de sus manos, guapamente acicaladas, en mi cuello... pero ¡En serio! y cuando me empiezo a desvanecer, me despierto de un salto en la cama y me sorprendo al ver que SOY YO la que se está ahorcando. O sea, esto ya no es parte del sueño... yo me despierto y tengo las manos en mi cuello. La Tía Lauris is killing herself. Horrible, horrible. Entonces, sobresaltada, despierto al colocho y le cuento que me había pasado y, igual que la mamita olga y sus explicaciones inventadas me dice: "Eso es por la posición en la que has dormido, sácate la mano de la panza y ya no vas a soñar feo". ¿?
Claramente, yo soy la única en shock ante mi casi muerte.