lunes, octubre 12, 2009

(Contra) Golpe de Estado a Venus.

Me gusta cuando me encuentro con algo que escribí hace mucho y mientras lo leo veo que todavía está vigente. Al menos en mi corazón (inserte un "ohhh" aquí). No se trata de un descubrimiento continental en forma de post (ya que estamos Oct-12, dejémonos llevar). Mucho menos de un estudio avalado por la Universidad de North Carolina -a duras penas podríamos responsabilizar al Centro Educativo Inicial "Niño de Praga" por aceptarme en sus aulas a tan temprana edad. Esta listita surgió de tantos años de morir intentando ser mujer, y de resucitar cada vez (estamos con los "ohhh" ¿eh?). Publicado por primera vez el 25/04/2006 (aniversario de bodas de mi hermana Claudia), hoy ha sido re-encauchado para que haga juego con las botas de goma que ilustran el costadito de este papel digital (la foto es del año pasado, el carré de Amelie no existe más).


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Una vez me dijeron: "uno ve a una chica y le toma 2 segundos decidir si le entra o no". O sea, a los hombres a) les gusta la flaca o b) no les gusta la flaca. Con las mujeres, sin embargo, la historia es totalmente diferente. Hay estados.

DEMASIADOS estados.

  • TE INQUIETA: Te das cuenta que existe y te preguntas si será gracioso. No te importa si tiene novia o no. Total, coquetear no es un delito. "Además, yo no me considero coqueta ¿ya?" (Ajá. Gimme a break, would'ya?)
  • TE PARECE LINDO: Aquí ya sabes que él es gracioso y como eres una chica decente, en esta etapa te preguntas si el mentado tiene novia o no. Pero ¡qué diablos si tiene! porque... "no pasa nada" ¿vio?
  • TE ENCANTA: Te ríes de sus chistes aunque no sean graciosos y te das cuenta de cómo arruga la nariz, cómo bosteza ("cute!"), cómo camina y, las más "Monica Geller", miran si se lustró los zapatos o si levanta el meñique cuando toma su bebida espirituosa de turno. Si resulta que el nenito está emparejado, de rato en rato lo maldices y al tiempo te preguntas si la novia "será buena chica" (convengamos que en el "decálogo de la mujer del nuevo milenio", de alguna forma es permisible -previa evaluación del consejo directivo- que le serruches el novio a una "chica mala / celosa / posesiva". Obvio, el mencionado decálogo resulta ser una biblia para las serruchadoras y un panfleto irrelevante para las candidatas a serruche)
  • TE ATRAE: Lo tocas sin motivo (como cuando lo saludas y le sobaste todo el brazo sin querer, oiga), lo rozas o pasas pegada a él ("ay, sorry ¿te toqué?"). A esta altura agarras tu balanza y pones algunas cosas sobre ella: si te toca de vuelta (¿será un vivazo -qué imbécil- o se sentirá solo -¡pobre!-?) y si no te toca de vuelta (¿lo debo tocar más -dame que te doy- o será que si le gusta su novia -chanfle-?)
  • TE GUSTA: Acá viene el sentimiento de culpa, las preguntas retóricas y la tergiversación de las cosas (¿estará con ella por costumbre? ¿me gilea porque le coqueteo o porque sí le gusto? O sea, de hecho que le va mal con la novia... sino ¿por qué me gilea? Porque yo NUNCA he hecho esto antes. En verdad, yo no lo haría si ÉL no lo hiciera. Ay, qué estrés. Voy al baño ¿me acompañas, amigui?).
Y nada, todo esto puede pasar en 1 mes, 1 semana, 1 día... o en una salidita del viernes a la noche. A veces creo que sería más fácil ser hombre, pero luego pienso que si usara calzoncillos -y el huequito que tienen al frente tuviera un sentido útil para mí- pues me perdería de la coqueteada, del "no pasa nada", de la risita, de la rozada (¡oh!) y etc. (siendo el "etc." muy importante).

Así que mejor quedarse viviendo en VENUS ¿no?
(total, le duela a quien le duela, los marcianos nunca se van a acabar)

lunes, octubre 05, 2009

Laurinchi Code.

El otro día meditaba acerca de los códigos que se forman alrededor de una rutina común para muchas personas. Aunque estas leyes son conocidas por todos los que ejercitan el mencionado rito, las mismas no se encuentran redactadas en folios viejos y tampoco talladas en piedra sino que uno puede respirarlas en las calles y en consecuencia conocerlas y respetarlas. Ahora, también existe el derecho de no acatar las reglas y buscarse un lugar distinto para transitar. Descrito así, tan clarito, la vida parece sumergida en una armonía voluptuosa donde todos nos encontramos intoxicados de hachís, viviéndola.

Unfortunately, la vida no es así ¿leyeron? no es así.

O sea, yo pensaba que sí cuando aprendí los códigos del Subte y los incorporé a mi vida. Ahora, me di cuenta que no cuando aparecieron individuos que, no sintiéndose felices con el sistema subterráneo, inexplicablemente siguieron usándolo envés de viajar en auto, colectivo, tren, taxi o sobre sus pinches y mugrosas patas.

Pocas veces conjugo el verbo odiar, pero en verdad tengo sentimientos viscerales y oscuros hacia los violadores del código "Subte", el mismo que sólo consta de 3 pequeños preceptos muy fáciles de seguir:
  1. Si viajas en hora punta, el subte está lleno. Así que por favor no te quejes de la cantidad de gente a tu alrededor. La situación no va mejorar por tus lloriqueos ¿oíste? nada va a ocurrir tras tus lamentos. Esto es verdad, está perfectamente analizado y tengo pruebas: a diario oigo a distintas personas inundadas en un dolor terrible que empieza con "La próxima nos vamos en taxi" (pero nunca se van en taxi) "No vuelvo a viajar así" (y los ves al día siguiente) "Oiga, no me toque" (¿Cómo haría para no tocarte si somos como frijoles en una olla a presión?) "Alguien que me de el asiento" (Estas son las que se hacen a las embarazadas pero en realidad sólo son gordas y perezosas). Ahora, ¿sabes qué cosa NUNCA ha pasado? Que el vagón, el túnel y el cielo se abran -todos al tiempo- para dejar ingresar la mano milagrosa de Cristo a solucionarlo todo. ¡No se llama "hora punta" porque durante ese lapso te meten la mano, maldita sea! En concreto: entre las 8-10am / 12-2pm / 5-7pm, el código te pide que por favor te calles y en lo posible no respires que ocupas más espacio, mijito.
  2. Hay tres formas de salir de una estación de Subte, la primera es el ascensor y está pensado para embarazadas reales, minusválidos, personas de edad con movilidad limitada o padres con muchos niños y bolsas de compras. Si no calzas en ninguna de las anteriores y sin embargo usas este servicio, o eres un vago que no puede subir 1 piso por otros medios o eres un angurriento que desea usufructuar al 8000% el peso con diez centavos que pagó por su pasaje. El código te desprecia. La segunda forma de llegar a la superficie es la escalera eléctrica, la misma que deberás abstenerte de usar si estás apurado. En este caso te recomendamos usar la tercera forma de eyectarte del Subte: la escalera común, la cual -para tu gran beneficio- siempre estará vacía porque todos somos unos viles marranos imposibilitados de subir 14 gradas por nosotros mismos (también hemos pagado nuestro pesito con diez ¿vio?).
  3. Por último, cuando camines para salir o entrar al Subte, "mantén tu carril". Si estás saliendo, pégate a la derecha. Si estás entrando, usa tu izquierda. Por favor no vayas a contramano. Por favor no portes cochecitos de bebé ni maletines de materiales puntiagudos si vas a decidir hacer la del salmón. Y lo más importante: si te desorientaste un poco, piensa que eres un auto en la carretera, salte del carril, estaciónate y saca tu mapa. El código te pide que por favor no saques tu mapa estando en movimiento y frenes en seco para leerlo.
Y es eso.
No es tan complicado.
Así que por favor te pido.
Gracias.


EL COMITÉ.

jueves, setiembre 24, 2009

Colabórame.pe


Y hablando de cosas que ocurren, tuve la oportunidad de colaborar con un medio Colombiano: Revista Exclama. Para explorar la revista, hacer click en Site Revista Exclama y para leer el artículo dentro de todo el look and feel súper chévere del sitio, pinchar en:

Sarna con gusto no pica - Buenos Aires | ! | revistaexclama.com | edicion siete Shared via AddThis

(*) Para los más flojitos (je), aquí les dejo la nota también. Pero les recomiendo que visiten la revista ¡está re-buena y hecha con amooor!


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Sarna con gusto no pica

Si Buenos Aires fuera una cabellera frondosa, la que suscribe sería un piojo sin onda viviendo ahí. Y es que no es fácil tener actitud en la ciudad de la furia; a uno le toca ir más allá, con la salvedad de que aquello no significa coger las petacas y mudarse a Santiago del Estero. Que San Expedito(i) nos socorra.

Las hay oscuras y clarísimas, mugrosas y prolijas, relajadas y apretadas; las hay de todos los colores, sabores, sin duda olores. Todas aman, odian, sufren, gozan. Yo me relamo frente a sus integrantes y quiero ensartarlos a todos en el Obelisco porteño para así romper el récord Guinness al pincho más grande y obsceno del planeta. Las amo, las odio, las sufro, las gozo: las tribus urbanas son mi pecado capital supernova y no existe penitencia válida para esta rica sarna con gusto a `choripan de dos pesito’ loco´.

Góticos y darkies, skaters y bikers, otakus y lolitas –Nabokov se revuelca en su tumba- floggers, punks, cumbieros, rollingas, zombies y más. Aunque se los puede ver por todas partes, uno tiende a salivar más intenso cuando los mira concentrarse en las inmediaciones de la famosa galería Bond Street, situada sobre la caudalosa avenida Santa Fe, donde el exceso se vuelve cotidiano y cada discípulo de lo freak es una apología bípeda de su religión technicolor. Aunque los miro mucho, suelo confundirlos: si el look es negro total y el entrecejo va fruncido, no sé si es gótico o dark; si tiene algún acento de color y detalles orientales, puede ser otaku o emo; si se viste como niña sexy –colegiala que no hizo la tarea, regularmente- es una lolita o tal vez sólo una chica común pero bastante histérica; si se deja el capul de Mick Jagger es rollinga, pero si considera opcional el aseo diario, quizás se trate de un punk que no supo dominar su afeitadora eléctrica. Como guarnición, cada tribu tiene su propio metalenguaje y por más que al pasar cerca de ellas pare la oreja a ver si cazo términos nuevos, suelo también abstenerme de ponerlos en práctica porque temo confundir los dialectos y acabar diciéndole a un cumbiero que me efee(ii) o a un flogger que tiene muy buenas llantas(iii).

Todo esto no es poco y sin embargo, no es pues el mejor bocado de este pincho porteño cuyo jugo nos dispara los triglicéridos al tiempo que chorrea cargado de grasa por nuestro brazo: lo más rico de las tribus urbanas es que, aunque sus miembros piensan que los que no militan en su mismo clan son putos(iv), de alguna forma todos logran convivir con admirable cordialidad en los 3 pisos –más subsuelo- que comprende la Bond Street. Es algo así como un proyecto recargado de la Torre de Babel en plena conjunción de la calle Rodríguez Peña con Avenida Santa Fe. Compartido esto y a saber que considero establecido el porqué de mi amor incondicional por las tribus urbanas, es pertinente esclarecer a qué se debe que no me adhiera a uno solo de estos grupos: soy muy vieja para ser lolita y estoy muy viva para ser zombie; soy muy morena para ser gótica y muy gorda para ser emo; no sé bailar el “parapara” de los otakus y menos el pasito tektonik de los floggers; para colmo de males, nunca aprendí a andar en bicicleta y por ello no me iría muy bien de biker. LQQD(v): ser militante de una tribu no es pues, tarea sencilla.

Volveré y seré millones dijo Evita. Millones de tribus. Oh, sí.



[i] Santo popular en la Argentina. Patrono de las causas urgentes.

[ii] En léxico flogger, pedirle a alguien que se haga amigo de mi fotolog.

[iii] En lunfardo cumbiero, los tennis.

[iv] En jerga argentina, homosexual.

[v] Abreviación para “lo que quedó demostrado”.