Betty Crocker can suck it.
Ir al supermercado es algo que disfruto y soy dócil para adaptarme a las diferentes metodologías de cada cadena comercial.
Están las que te pesan y embolsan las cosas;
las que te piden pesarlas en la caja al momento de pagar;
las que te cobran menos pero esperan que hagas todo tú solo;
y las que vienen con su yapita más.
Las amo a todas. Me encanta ir a comprar productos de primera y última necesidad y, si fuera cerdo, sin duda mi chiquero estaría correctamente embarrado de puras marcas blancas de autoservicio detallista. Ahora, la única cosa que no me gusta de ir de compras es hacer la cola para pagar. Yo espero que cuando todo sea aún más adelantado, llegue el momento en el que una mente se ilumine -no será la mía- y cree un calculador de gastos que vaya insertado en el cochecito de shopping. O sea, uno va tirando leche, papas, cereales, desodorantes, depilatorios, protectores diarios, zapallos, choclos y yogures probióticos... y en la pantalla del carrito va apareciendo cuánto estás gastando. Luego llegas a la caja -que para efectos del caso mencionado pasaría a ser únicamente un punto de check out- atraviesas tu tarjeta de crédito por un POS o depositas el dinero necesario en una ranurita loca y TE VAS. That's all folks. Cero intercambio de saludos / promociones / disposiciones de efectivo con la cajera y cero cháchara de la gente que cree que no es posible esperar en fila sin hablar.
Y nada, hoy estuve trabajando de relacionista pública de una linda y bastante amable cajera. Esta labor no me la propuse y como todo lo que me ocurre llegó caída del cielito lindo papá. Yo elegí la caja que consideré menos mala (prefiero hacer cola detrás de 1 señora que hizo mercado para el mes que ir a la "caja rápida" donde hay 20 personas con 1 chupete cada una) y cuando la cajera vio que al reloj le faltaban apenas 5 palitos para llegar a su hora de cuadre, optó por avisarme que conmigo se cerraba la caja y siguió trabajando. Los minutos pasaban y empezaron a colocarse personas detrás de mí. Yo, como representante de la cajera en cuestión, les iba informando que la caja estaba cerrada y que en mí moría la situación. Sorry. I can't. Don't hate me.
Tudo bem hasta ahí. Luego llegó un señor presuntamente sordo y ahí fue cuando se jodió todo, Zavalita.
Lauris: (señalando el cartelito que decía "Por favor pase a la caja siguiente. ¡Gracias!") Hola. Sí. ¿Sabe que la caja está cerrada? Yo soy la última que atienden.
Presunto sordo: (sin ademán de moverse) Sí, sí.
Lauris: (pensando que en realidad no es su problema) Bueno.
Confirmado sordo: (sonriente) Sí, sí.
Como es de esperar, una señora se puso detrás del señor que no se movía. Y luego otra señora más. Entonces tuve que volver a hablar.
Lauris: (mirando a las señora 1 y 2 y ADEMÁS señalando el cartelito que decía "Por favor pase a la caja siguiente. ¡Gracias!") Hola. Sí. ¿Sabe que la caja está cerrada? Yo soy la última que atienden.
Señora 1: (sonriendo) Sí, sí.
Señora 2: (sonriendo) Sí, sí.
Lauris: (vocalizando lo más posible y agarrando el cartel que dice "Por favor pase a la caja siguiente. ¡Gracias!") La caja está cerrada señores. Yo pago y no se atiende a nadie más.
Los tres me miraban como si de pronto el supermercado fuese el plató de Babel y yo la musa de González Iñárritu (Asu, qué top mi referencia. ja). Los quería matar al tiempo que pensaba que la cajera me caía muy mal porque al encargarme la misión de contener a la gente, en verdad me había arruinado la vida. Fui a ella y con señas le indiqué que teníamos tres polizontes en cubierta. Ella me sonrió y bajó el cartelito que la liberaba de atender más gente. Ay, qué linda, pensarán. Yo no creo eso. Lo que pienso es que la Miss Simpatía me hizo quedar como una desquiciada. Yo no conozco a esos 3 individuos y quizá no los vuelva a ver nunca, pero estoy segura que esta noche o mañana, le comentarán a alguien que UNA LOCA en el supermercado creía que tenía caja privada. Bah, creo que voy a empezar a hacer mercado por Internet.

