viernes, diciembre 18, 2009

Betty Crocker can suck it.

Ir al supermercado es algo que disfruto y soy dócil para adaptarme a las diferentes metodologías de cada cadena  comercial.

Están las que te pesan y embolsan las cosas;
las que te piden pesarlas en la caja al momento de pagar;
las que te cobran menos pero esperan que hagas todo tú solo;
y las que vienen con su yapita más.

Las amo a todas. Me encanta ir a comprar productos de primera y última necesidad y, si fuera cerdo, sin duda mi chiquero estaría correctamente embarrado de puras marcas blancas de autoservicio detallista. Ahora, la única cosa que no me gusta de ir de compras es hacer la cola para pagar. Yo espero que cuando todo sea aún más adelantado, llegue el momento en el que una mente se ilumine -no será la mía- y cree un calculador de gastos que vaya insertado en el cochecito de shopping. O sea, uno va tirando leche, papas, cereales, desodorantes, depilatorios, protectores diarios, zapallos, choclos y yogures probióticos... y en la pantalla del carrito va apareciendo cuánto estás gastando. Luego llegas a la caja -que para efectos del caso mencionado pasaría a ser únicamente un punto de check out- atraviesas tu tarjeta de crédito por un POS o depositas el dinero necesario en una ranurita loca y TE VAS. That's all folks. Cero intercambio de saludos / promociones / disposiciones de efectivo con la cajera y cero cháchara de la gente que cree que no es posible esperar en fila sin hablar.

Y nada, hoy estuve trabajando de relacionista pública de una linda y bastante amable cajera. Esta labor no me la propuse y como todo lo que me ocurre llegó caída del cielito lindo papá. Yo elegí la caja que consideré menos mala (prefiero hacer cola detrás de 1 señora que hizo mercado para el mes que ir a la "caja rápida" donde hay 20 personas con 1 chupete cada una) y cuando la cajera vio que al reloj le faltaban apenas 5 palitos para llegar a su hora de cuadre, optó por avisarme que conmigo se cerraba la caja y siguió trabajando. Los minutos pasaban y empezaron a colocarse personas detrás de mí. Yo, como representante de la cajera en cuestión, les iba informando que la caja estaba cerrada y que en mí moría la situación. Sorry. I can't. Don't hate me.


Tudo bem hasta ahí. Luego llegó un señor presuntamente sordo y ahí fue cuando se jodió todo, Zavalita.

Lauris: (señalando el cartelito que decía "Por favor pase a la caja siguiente. ¡Gracias!") Hola. Sí. ¿Sabe que la caja está cerrada? Yo soy la última que atienden. 
Presunto sordo: (sin ademán de moverse) Sí, sí.
Lauris: (pensando que en realidad no es su problema) Bueno. 
Confirmado sordo: (sonriente) Sí, sí.

Como es de esperar, una señora se puso detrás del señor que no se movía. Y luego otra señora más. Entonces tuve que volver a hablar.

Lauris: (mirando a las señora 1 y 2 y ADEMÁS señalando el cartelito que decía "Por favor pase a la caja siguiente. ¡Gracias!") Hola. Sí. ¿Sabe que la caja está cerrada? Yo soy la última que atienden. 
Señora 1: (sonriendo) Sí, sí.
Señora 2: (sonriendo) Sí, sí.
Lauris: (vocalizando lo más posible y agarrando el cartel que dice "Por favor pase a la caja siguiente. ¡Gracias!") La caja está cerrada señores. Yo pago y no se atiende a nadie más. 

Los tres me miraban como si de pronto el supermercado fuese el plató de Babel y yo la musa de González Iñárritu (Asu, qué top mi referencia. ja). Los quería matar al tiempo que pensaba que la cajera me caía muy mal porque al encargarme la misión de contener a la gente, en verdad me había arruinado la vida. Fui a ella y con señas le indiqué que teníamos tres polizontes en cubierta. Ella me sonrió y bajó el cartelito que la liberaba de atender más gente. Ay, qué linda, pensarán. Yo no creo eso. Lo que pienso es que la Miss Simpatía me hizo quedar como una desquiciada. Yo no conozco a esos 3 individuos y quizá no los vuelva a ver nunca, pero estoy segura que esta noche o mañana, le comentarán a alguien que UNA LOCA en el supermercado creía que tenía caja privada. Bah, creo que voy a empezar a hacer mercado por Internet.

jueves, diciembre 10, 2009

Nube negra dot com

Siempre me sale todo mal. A ver, no es que yo sea pesimista ni mucho menos (ni mucho más tampoco), lo que pasa es que la vida se divierte conmigo –de esto estoy convencida y no hay poder humano que me haga cambiar de parecer; ahora, si algún animal o plantita desea intentar estoy dispuesta a probar. 


Este blog existe gracias a que un día pensé que era imposible que mi cabeza de piña colada fuese capaz de registrar todos los infortunios que me acontecen y que era pertinente mantener un archivo más o menos ordenado de las cámaras escondidas que el señor Jesucristo y su amigo Belcebú me vienen jugando de manera sostenida hace casi 29 años (y esto lo anoto a propósito de modo tal que todos vayamos ahorrando para mi regalo del 10 de enero ¡eh!). 

¿A qué viene esto? Pues a que hoy (ayer) es mi último día en Buenos Aires y, como no podía ser de otra manera, todo me ha salido mal:


  1. Como nunca jamás, amanecí a las 6am dispuesta a sacarle brillo a mi ahora ex-departamento. Estaba sobándome contra las paredes del baño –literalmente- y se me acabó el CIF crema (desinfectante). Bah –pensé- yo uso lavandina (lejía). Voy a la cocina por la botellita salvadora y, como el niño Jesusito (manso corderito) ya se había despertado, se me ocurre ir abriendo la botella de camino a la ducha y ¡zaz! Chorreé el parquet con lejía. Linda mancha ¿eh? (Este altercado se solucionó con VARIAS capas de cera oscura)
  2. Cerca a las 11am y considerando que la entrega del dpto. estaba pactada para las 11:30am, voy a un locutorio para usar Internet porque el servicio ya está dado de baja (ustedes no están para saberlo ni yo para contarlo, pero mis convivientes y yo somos seres responsables que no dejamos al arrendador con deudas y cosas colgadas) ¿Y qué pasa en el cyber café? Que mi hora de salida ha cambiado y el vuelo es para las 18:00hs. A ver, son 10:50am y a las 11:30am entrego el departamento. Ponte que mientras me fui al Internet una estampida de búfalos se apareó en la sala y que por ello tengo que limpiar otra vez… con todo y eso, la entrega no tardará más de media hora y –como soy una chica precavida- he pedido el taxi para las 12m. Dime, Lucifer de mi vida, ¿qué voy a hacer 6 horas en el aeropuerto?
  3. Luego de entregar el depa, me veo con 300 pesos menos de depósito porque el dueño se los quedó como caución en caso de que haya quedado algo pendiente por pagar y con un “Please believe me, I’m not going to rip you off” me tuve que quedar tranquila. (Bah, se supone que me van a enviar la plata por Western Union si en 1 mes no aparece nada impago. Y claro que nada va a aparecer porque ustedes no están para saberlo ni yo para contarlo, pero mis convivientes y yo somos seres responsables que no dejamos al arrendador con deudas y cosas colgadas).
  4. Ya en el counter, una gentil señorita me informa que tengo que pagar 230 dólares de exceso de equipaje porque las miserias que llevo en las maletas superan los 70 kilos y yo sólo tengo permiso para llevar 40. A ver, si mi pasaje salió 540 dólares y estoy pagando más o menos el 40% de ello en valijas… prácticamente estoy cargando un hijo conmigo, un menor de 2 años que sólo paga proporcional ¿no? Este es un niño que no quiero y que me cae mal, pero igual tengo que pagar por él porque, bueno, ¿quién me manda a cebar a un niño de menos de 2 años para que pese 30 kilos y monedas? 

Contra todo pronóstico, mi buen humor no fue mellado durante este día tan entretenido para Dios y Satán (ayer). Lo que sí, aprovecho mis horas de espera en el Aeropuerto para escribir todo esto, porque cuando llegue a Lima y lo cuente, seguro que algo se me va a escapar. Igual, no creo que lo llegue a publicar hoy mismo (la verdad sí creo, pero siempre me pasa lo contrario a lo que espero, entonces mejor no creer para que ocurra ¿no?) -----BIG MISTAKE: NO LO PUDE PUBLICAR AYER. 

¡Hasta pronto ciudad adoptada!

martes, diciembre 01, 2009

locamál


Una nueva preocupación invade mis pensamientos: tengo o creo tener o la mamita Olga me ha dicho que tengo una muletilla. Estoy histérica. No me gustan las frases o expresiones que ayudan a completar vacíos en los diálogos; y en realidad prefiero quedarme callada antes que caer reiteradas veces en el judicial "Es correcto", el notarial "Conforme" o el siempre usado y casi fúnebre "Así quedamos".

Pero qué pasa, hace más o menos 10 días mi mamá me hizo notar que, mientras charlábamos por teléfono, yo repuntaba nuestras conversaciones con un repetitivo "Es verdad" (por favor pronúnciese como esverdá). Como es de esperar y en entera concordancia con las particularidades que me califican, me negué a aceptar la imputación de mi progenitora y argumenté que su sentencia era infundada dado que nuestra llamada telefónica sabatina no había alcanzado los cinco minutos cuando ella realizó la aseveración de mi handicap verbal (a mi me hubiera ido re-bien de abogada, no hay nada que hacer). 

Como también debe ser de esperar, mi madre dio el objection overruled del caso con un "Te lo iba a decir cuando viniste en octubre pero me olvidé". Y nada, como solemos hacer cuando no estamos de acuerdo, nos pusimos a hablar de perejiles, tubérculos y otros temas muy alejados de la consabida muletilla objeto de discusión (Esta técnica es muy saludable, la recomiendo mucho). De pronto, cuando ya estábamos enfrascadas y salivantes en medio de un nuevo tópico, de entre las cenizas apareció un nuevo y acuchillante esverdá para romper la elocuencia de la cháchara.

Maldita sea, pensé. La mamita Olga no me dijo nada. Ella es así, cuando saborea no habla.

Y nada, desde ese día no puedo dormir y tengo pesadillas con millones de personas que me persiguen para darme de muletazos. Adicionalmente, he puesto en práctica 2 actividades:

  1. Estoy combinando mi muletilla vieja esverdá con otra nueva que se llama ciertoés. Me va regio y me siento mejor. 
  2. Además, con la intención de no sentirme sola en mi discapacidad, he dedicado los últimos días a identificar las muletillas de los demás. So far, le hice saber a la muchacha coreana de la lavandería que, en mi opinión, ella dice mucho "Gracias, eh" (por favor pronúnciese graciasé)

Por favor, queridos blog-leyentes, amigos y familiares, les pido su colaboración. De este hoyo idiomático tenemos que salir.