Lesbic Thoughts Vol. 3
Las pistolitas no han pasado de moda por estos lares. Aunque con menos recurrencia, los balazos siguen bailando por el hogar palermitano que nos acoge. Yo no sé si es Darwin y su evolución natural o si estoy cultivando testosterona a través de osmosis, la cosa es que empiezo a estar de acuerdo con la tenencia de armas en casa, aunque sólo para algún caso de emergencia muy específico. Elaboro al respecto.
Yo tengo sentimientos encontrados con las palomas. Le tengo resquemor a las de plaza, esas que son absurdamente obsesas dada la cantidad de maicito que los turistas, abuelitos, niñitas paseadoras y gente que le compra maicito a la gente que vende maicito, les regalan con obsesión inflamada a estos pajarracos.
Ahora, a las palomas gigantes que planean bajo, les tengo miedo. Es que uno siente que vienen directo a secuestrarle el globo ocular izquierdo para luego pedir como recompensa el derecho que quedó. Y esa sensación es, cuando menos, fea.
También están las palomitas "de acto público", que me provocan inmensa pena. Pobres pajarillos, se la pasan enjaulados durante toda la premiación, inauguración, boda hippie, ágape pacífico o sacrifico págano, para luego salir aleteando desesperadas preguntándose cuál es el HIT de verlas volar al cierre de un acto. Yo tampoco entiendo.
Por último, en mi umbral palomístico se erige una variedad a la que odio (y esto van en contra de todos mis credos, dado que me gusta jactarme de odiar practicamente nada). Este tipo de pichón urbano del mal es considerado, por la que suscribe, un caso de emergencia muy específico.
Yo digo que hay que aniquilar sin misericordia a todas las palomas que, con la llegada de la siempre hormonal primavera, han convertido el bonito tragaluz del edificio donde vivo en un fornicadero del demonio con resaca. Odio a estas palomas calenturientas. Odio que se paren en fila y que esperen a los palomos casi revolviendo sus carteras (de toda moda), que combinan -por supuesto- con sus zapatitos de meretrices emplumadas que derraman pecado, líbido y perdición. Las odio MAL y deben morir.
I need a girl, pero que venga con pistola porque este finde nos reventamos a todas las plumíferas que veamos pasar.
*sigh*
Corolario Inesperado:
Hablando por teléfono con el Papito Alfonso, le cuento mis planes acerca de las palomas y, sin espantarse para nada, me aconseja: "Claro hijita, las matas y luego te las comes". ¿Qué se puede esperar de mí?





